Cada palabra que pronuncias tiene la capacidad de construir o destruir, de abrir caminos o de cerrar puertas, de inspirarte o de limitarte.
Desde que despiertas hasta que te vas a dormir, cada palabra que eliges —en voz alta o en silencio— está creando. Las que te dices, las que diriges a los demás y las que pronuncias en general, son los ladrillos invisibles de la realidad que habitas.
Las palabras son creadoras de tu mundo. No necesitas aprender a crear con ellas: ya lo haces, todo el tiempo. Lo importante es darte cuenta de lo que estás creando, y elegir conscientemente qué quieres crear.
Dentro de ti existe un potencial infinito para transformar tu vida, y las palabras son una de tus herramientas más poderosas. Con el lenguaje, los sueños se hacen realidad.
Nos enseñaron a repetir lo que otras personas nos enseñaron. Aprendimos a perpetuar las creencias establecidas por instituciones. Para crear lo uqe queremos, necesitamos recordar: recordar quiénes somos, conectar con la esencia y hablar desde ahí. Cuando tus palabras nacen del amor y la confianza, el lenguaje se vuelve un acto de creación amoroso, consciente y poderoso.
Crear la realidad es un proceso que ocurre en el presente, a través de tus pensamientos, emociones y acciones. Existe una corriente infinita de conciencia que fluye a través de ti. Tú eres el canal por el cual la divinidad se expresa.
Para ganar claridad en tus creaciones, puedes hacerte una pregunta antes de hablar: ¿Esto que voy a decir me acerca a lo que quiere mi esencia?
Esta pregunta te devuelve al centro y te recuerda el poder de la palabra. Si tus palabras te alejan de tu esencia, descártalas, igual que en un juego. Si te acercan, pronúncialas con intención.
El verbo pronunciar viene del latín pro- (“hacia fuera”) y nuntius (“anuncio”). Cada vez que hablas, estás anunciando algo hacia el mundo. Estás manifestando una realidad.