La mayoría de las palabras que utilizas son producto de una copia y son perpetuadas con la repetición. ¿Recuerdas cómo aprendiste el abecedario en la escuela? no fue desde la compresión de cada una de sus componentes, no se pareció en nada en la forma que aprendiste a decir mamá por primera vez, vinculando una emoción a una palabra, y conectándote de por vida con ese sonido mágico. Fue seguramente desde la repetición memorística de los símbolos fonéticos que componen las palabras. Empezar a darte cuenta de lo que dices es una práctica indispensable para tu camino
Te ofrecemos tres propuestas prácticas para que puedas experimentar los efectos de este poderoso proceso.
- Utiliza el silencio: Ninguna melodía puede armonizar sin los silencios, sería ruido constante que acabaría con nuestra cordura.
Práctica: Al hablar, deja de uno a tres segundos de silencio antes de pronunciar tus palabras. Exagéralo al principio, siempre puedes decir que estás pensando, si te meten prisa y eso te incomoda. Estos segundos de silencio son oro para la conciencia en las siguientes palabras que vas a pronunciar.
- Elimina el “tengo que”: La obligación es uno de los grandes moldeadores de una realidad no deseada. Date cuenta de que “no tienes que” nada. Lo que haces es siempre voluntario aún en el escenario más reducido, es una decisión. ¡Ojo que el ego se revuelve ante esta verdad!, pues gran parte de su existencia se alimenta del “tengo que”.
Práctica: Reemplaza “tengo que” por “elijo” para empoderarte en tus decisiones. Por ejemplo, di: “Elijo hacer ejercicio porque quiero cuidar mi cuerpo” en lugar de “Tengo que hacer ejercicio” o, “elijo ir a trabajar porque ahora mismo es la única manera con la que me creo capaz de llevar dinero a mi familia.”
- Identifica tu uso de la palabra “pero”: El “pero” anula lo anterior. Pon atención especial a cuánto utilizas esta famosa conjunción, sobre todo como respuesta a algo que dice otra persona. Decirlo es bloquear información que puede ser oro en tu transformación.
Práctica: Reemplaza el “pero” por “y”, para conectar las ideas y abrir nuevas posibilidades. Por ejemplo, di: “Elijo ser consciente y estoy tomando los pasos para hacerlo” en lugar de “Elijo ser consciente pero no sé cómo hacerlo “.
Como colofón: Repite las veces que quieras, en el momento que lo precises, en alto o para tus adentros, como haría con un mantra; Yo Creo Como Hablo. Hazlo con conciencia, aspirando el poder que te pertenece e invocando lo que es tuyo para que se manifieste a través de las palabras.